LA CARA DEL SEÑOR ANDREWS
LA CARA DEL SEÑOR ANDREWS En Cariñena reinó la ansiedad el día que desapareció Adela. Era una niña de doce años, acababa de entrar al instituto, y siempre desplegaba una sonrisa que calentaba los corazones de todo el mundo justo antes de hechizarlos. Sus rizos dorados colgaban hasta sus hombros y se agitaban en los días de cierzo, sus ojos castaños brillaban con fulgor incluso cuando no había luz que reflejar. Saludaba a los vecinos del pueblo con una alegría en la voz que hacía que hasta los más ancianos y amargos recordaran momentos felices, y sus huesos dolían menos, de pronto la gayata no era tan necesaria. Le gustaba hablar con las señoras mayores, las cuales reían ante todas sus ocurrencias y pensaban, aunque no lo dijeran, que deseaban una nieta como ella. Los sábados iba a comprar con su madre, y en todos los establecimientos se llenaba el aire de su perfume y de su presencia. En el colegio dejaba prendados a todos los profesores, que no tenían ni que corregir los...