EL MALVADO LORD LOCALION
El miedo le traspasó el pecho como un cuchillo al comprobar las heladas manos de la princesa. Ella no podía morir, no, pensó Bínrabel, pero la verdad era que la princesa exhalaba esputos sangrientos; tumbada en la cama con los ojos cerrados, una mueca de dolor le cruzaba el rostro. El paño húmedo para la fiebre le resbalaba de la frente. Pero el calor ya no era un problema, sino la ausencia de este. Bínrabel sabía perfectamente lo que sucedía en estos casos: cuando el calor se disipaba de la sangre, el corazón se detenía para no volver a latir nunca más; así que con manos nerviosas buscó en los cajones de la cómoda. Toda la habitación estaba llena de cachivaches esparcidos por doquier tras la llegada de la princesa a sus nuevos aposentos. Bínrabel agarró un cuenco y unas hojas de lívano, colocó estas dentro y las aplastó con esmero antes de mezclarlas con otra hierba de Mertholant hasta formar un mejunje. Se acercó a la cama y dispuso el cuenco sobre los labios de la princesa. Vol...