AGRADECIMIENTOS DE FLORES
AGRADECIMIENTOS
He
empezado varias veces a escribir esta sección y he terminado
borrándolo todo. No sé muy bien qué decir esta vez más allá de
los gracias, los abrazos y lo mucho que me ha costado escribir el
libro (tampoco cuesta tanto; al final uno coge práctica. Lo malo son
las revisiones y la ansiedad que nace de las mismas). Sabéis que a
mí no me gusta que este apartado sea tan simple. Yo siempre quiero
que todo sea especial. Es por ello que, reviso, reviso, reviso,
reviso y reviso, hasta que encuentro algún error (real o imaginario,
da lo mismo. Incluso me gustan más los que son imaginarios).
Entonces, reescribo, reescribo, reescribo, reescribo y reescribo.
Cuando veo que en la trama no queda nada ya que rascar, que está todo analizado al milímetro, me pongo a buscar otras cosas. Como las veces que una expresión o una palabra se repiten. Entonces, borro, borro, borro, borro y borro.
Ya llega el momento soñado: estoy entre llamar a un psiquiátrico o publicar la novela. Escojo la segunda opción, ya que así al menos duermo en mi casa. Además, la comida de allí a saber cómo es. Alguno gritará por las noches, montará escándalo… Nada, nada. Mejor publicarla. En este momento, es evidente que la novela es especial, porque estoy especialmente hasta los cojones de ella cuando ve la luz. Hasta la fecha, llevo publicados cuatro libros y ha sido infalible este método. Puede que tenga alguna contraindicación futura, por el estrés, pero en lo que a especialidad se refiere, no tiene rival.
Estoy convencido de que aquí no me vais a dar la razón, pero todos somos capaces de escribir un libro. Tú también. Solo hace falta disciplina y tiempo para ello. Existen maneras de saber si lo que uno escribe tiene potencial interés. Sí, de verdad. Llevamos desde el principio de los tiempos repitiendo los mismos temas en las historias: venganza, amor, intriga, amistad, inmortalidad, búsqueda de algo perdido…
Todos los escritores somos copiadores que aportamos pequeños granos de arena en nuestra historia. La originalidad es un elemento para el marketing o para los que conocen pocos libros o películas. Si algún día escribís, no aspiréis a ser los más originales. Sería poneros un listón imposible de superar. Como mucho, hallaréis el breve consuelo de no saber que a otras personas se les ocurrió lo mismo que a vosotros, mucho tiempo atrás.
La clave está en cómo cuentas la historia, en cómo la haces interesante. Yo puedo escribir sobre la vida de un joven que quiere vengar la muerte de sus padres. Muchos lo han hecho, lo hacen y lo harán. El tema por sí solo es potente, pero lo importante es cómo lo haces. Conseguir que el lector desee pasar la página para seguir leyendo. Que llore, que se emocione, que empatice con los personajes y sufra con y por ellos.
Es imposible saber si has logrado todo esto hasta después de publicar el libro, hasta que ya no puedes hacer nada por remediar tus errores. Por supuesto que descarto la unanimidad en las alabanzas, pues es absurdo pretenderlo. La literatura, y la vida, no consiste en agradar a todos, sino en encontrar a la gente que conecta contigo.
Y, a veces, tengo miedo. Muchísimo miedo. Creo que puedo no estar a la altura de las expectativas de los demás, que mi libro no interese a nadie. Pienso que las escenas que tanta ilusión me ha hecho escribir solo supondrán indiferencia en la gente. Es un mal común en todos los artistas, en cualquier expresión, pero que algo sea compartido, desmintiendo los dichos populares, no hace que duela menos.
Habrá quien piense que hay problemas mayores, desde luego, pero para mí, que a nadie le guste mi libro es como ser un niño y que nadie venga a mi fiesta de cumpleaños. Es como bailar solo en medio de un mar de parejas. O peor aún: es como bailar una música que nadie más puede escuchar.
Pero como son terrores, la solución es sencilla: solo queda afrontarlos, y por ello lo publico, porque quiero demostrarle a mis demonios que no tienen razón.
Tengo que desplegar las alas y alzar el vuelo. Si no lo consigo, lo único que encontraré será el suelo. No pasa nada. Tocará levantarse y seguir. Una y otra vez. Hasta que acierte, aunque sea por casualidad.
En fin. Me veo tentado a borrar todo de nuevo, igual esto no os interesa, pienso ahora. Quizás haya alguna expresión o palabra que se repitan y... Nah, voy a continuar. Sí, ha de ser la definitiva. Los agradecimientos creo que ni los revisaré (mentira).
Durante mucho tiempo, creí que este libro no vería la luz jamás. Empecé a escribirlo en octubre de 2024. En ese mismo mes, lo abandoné, porque creí que estaba escribiendo una sarta de tonterías que no iban a ningún sitio. Lo retomé en el verano de 2025, y al final esa sarta de tonterías ha llegado a vuestras manos.
Y creo que es un bonito lugar para que descansen para siempre después de haberos acompañado. Quizás en las manos como tal no, porque al final os cansaréis de sostenerlo. Pero en vuestra estantería quedará genial.
He de daros un abrazo si estáis leyendo esto, pues significa que lo habéis comprado. Ya bien por apoyarme o porque tenéis interés en leerlo.
En cualquier caso, estoy profundamente agradecido. Pues cada uno de vosotros, componéis un pequeño aliento que me impulsa a seguir escribiendo.
Si os seguís sumando lectores, os convertiréis en una tempestad. Y el barco de vela navegará a toda velocidad hasta el fin del mundo.
He de deciros una cosa muy importante: este libro es diferente, pues ha muerto alguien que aparece en él, y no dentro de la historia. Mi perro Lolo falleció el 19 de noviembre. En la novela, ese chico tan pedante y pesado dice que tiene dieciocho años. Pues no cumplió más. Se hizo mayor de edad, y nos dio mucho más tiempo de lo esperado. Muchas aventuras y muchos recuerdos que nos llevamos en el corazón. Te echaremos de menos. Sobre todo mi sobrina Lena. Y ahora también lo harán todos mis lectores. Puede que suene egoísta por mi parte, pero ojalá consigas ser famoso. En Cariñena lo eres. Todavía me preguntan por ti y recuerdan lo guapo que eras.
Recientemente, también falleció mi padre. El día 10 de noviembre. Ya dicen los sabios que en otoño todo está más viejo y cansado, más dispuesto a morir.
La muerte es una etapa más en este proceso llamado vida. La última etapa, o eso es lo que nos han contado.
No tenemos ningún control sobre ella, pero sí de la lectura que hacemos sobre la misma. Con su guadaña, nos recuerda lo minúsculos que somos, y que todavía lo seremos más cuando decida cortarnos los pies y empujarnos hacia el barranco. Cada muerte y cada vida nos dan una lección. Siempre son un ejemplo. Tanto de lo que hay que hacer como de lo que no. De recordarnos lo efímero de este vistazo que podemos dar al mundo, de este fogonazo entre dos noches eternas que hemos tenido la suerte de contemplar.
Somos como una flor de verano que morirá con la llegada del viento frío, pero a veces pensamos que el sol siempre brillará. Porque nos da miedo, nos parece terrible creer que todo se termina, cuando en verdad es precioso. Porque significa que un día empezó.
Además, yo creo que nadie muere en verdad. No del todo. Podemos dejar de respirar, pero nuestros actos quedarán aquí como una huella en un camino embarrado. Solo que esta vez no habrá lluvia que pueda borrarla, pues están muy a salvo: en el corazón de todos nuestros seres queridos.
Por eso hemos de tener cuidado mientras vivimos. Debemos movernos con la gracilidad de una danza en la que nos sentimos libres por primera vez. Con la paciencia de un sabio y la cautela del que conoce el dolor.
Tenemos un gran poder, y eso, ya lo sabéis, conlleva una gran responsabilidad. Podemos romper un llanto forjando una sonrisa en el rostro de quien amamos. Disipar el miedo como si fuera una hoja seca que cruje en nuestras manos. Cumplir los sueños con un beso y ahuyentar la pena con un abrazo. A veces, puede bastar con una mirada, un gesto. Solo con eso somos capaces de hacer un mundo más bonito.
Y claro, hay dos caras en la misma moneda. También podemos ser terribles. Causar miedo, ansiedad y una tristeza infinita. Podemos romper los sueños con una risa malvada. Un comentario desafortunado es capaz de quebrar cualquier ánimo.
Ya lo dijo Patricia: todo es cuestión de elección. Siempre. Casi. Por eso yo elijo escribir. Primero lo hago yo, y luego, si hay suerte, otros pueden leerlo y abandonar sus problemas durante unas horas. Quizás haya también quienes sientan que escuchan una música para la que los demás somos sordos.
Por ello, me gusta pensar en los libros como refugios para la gente triste. Ha habido muchas veces en las que me han calentado el corazón cuando la noche era más oscura y terrible. Cuando todo se desmoronaba, encontraba una palabra de aliento. El ejemplo de alguien que luchó contra la adversidad y venció.
Eso me ayudaba a seguir adelante y me hizo desear con toda mi alma ser un día quien construyese esos refugios para los demás. Aunque he descubierto otra cosa que todavía me gusta más. Es un secreto que voy a compartir con vosotros. Es tan maravilloso que estoy seguro de que muchos trataréis de imitarme a partir de ahora. Para ser escritor, no hace falta un ordenador o una gran imaginación. Solo hay que dejar salir lo que llevas en el corazón; los recuerdos de aquellos que un día nos amaron o nos hicieron sonreír.
En ese momento, mientras mis dedos se deslizan sobre las teclas, estoy con mi padre, con mi madre. Escucho un ladrido cuando el olor a pollo asado inunda la cocina. Mi hermana llega con mi sobrina, que ríe por todo y nos desborda con la ilusión que solo mantienen los niños.
Aunque mientras escribo, todos podemos ser igual que Lena. Sí, no nos cuesta nada. Nos sentamos a la mesa. Miro a los lados y no me lo creo. Somos tan felices como en el sueño que nunca se cumplió.
Y en ese instante, solo en ese bendito instante, no somos una flor de verano que tiembla cuando ve las hojas de los árboles caer. Claro que no.
En ese instante, solo en ese bendito instante, somos eternos.
Para reservar la obra en formato digital, pincha aquí.
En formato físico, estará disponible a partir del día de lanzamiento: 20 de enero de 2026.
¡Un fuerte abrazo, amigo lector!
Comentarios
Publicar un comentario