CONSEJOS PARA NOVELISTAS POCO EXPERTOS
Hace mucho tiempo prometí escribir una entrada en la que hablara sobre consejos para escritores. Finalmente, no la hice, los que seguís este blog sabéis muy bien por qué. Y menos mal que no la escribí. Porque he de reconocer que en ese momento me faltaba experiencia para aleccionar a los demás. Apenas había escrito tres novelas, todas del mismo género. Todavía era algo bisoño y depositaba mi confianza sobre suelos endebles.
Os hubiera contado muchas cosas acerca de la prosa, el narrador, el objetivo de una novela, la cadencia de las frases... Muchas tonterías que son propias de aquellos que creen que este arte está sujeto a unas leyes que nadie sabe muy bien quiénes las establecieron ni tampoco qué potestad tenían para ello. Bueno, yo sí lo sé: ninguna.
Si navegáis por ese mundo conocido como Internet y las redes sociales, aquel espacio digital cuyos propulsores cacareaban que supondría una revolución que nos haría mejores personas (sí, como el COVID y la cuarentena), estoy convencido de que os habréis encontrado con un perfil de usuario. Alguien, con un manejo loable de los algoritmos y mucha arrogancia, dice conocer los secretos que te llevarán al éxito comercial con la escritura de novelas. Y los que tienen un poco más de vergüenza te dirán que quizás no vendas mucho, pero que te dirán cómo hay que hacerlo bien.
Llegados a este punto he de ser sincero con vosotros: esa gente no tiene ni puñetera idea de cómo enseñaros a vender un libro. Tampoco a escribirlo "bien", si tenemos en cuenta que la valoración de una obra es siempre subjetiva. Como muchísimo te dirán cómo adaptarla a los reclamos de la época actual. Y esto es tan sencillo como informarse sobre los escritores más vendidos y los libros de moda. Los lees y ya sabes qué "debes" hacer con tu novela para aumentar las probabilidades de éxito. Aunque en verdad tampoco es así. Tras una historia que triunfa, hay multitud de trasuntos que la acompañan, creyendo que con su rebufo conseguirán llegar al público. Y unas lo hacen, otras no. Más adelante hablaremos de ello, pero os adelanto que es un tema muy complejo y de difícil explicación.
Voy a ser todavía más sincero: yo tampoco tengo ni puñetera idea de cómo enseñaros a vender un libro. Tampoco tendría la poca vergüenza de creer que mi criterio (o el que he asumido de otros que he leído por ahí) debe ser la brújula que marque lo aceptado. O lo vulgarmente conocido como "bueno".
Si queréis escribir una novela, un relato, un cuento, ya deberíais haber estado con los mejores maestros, que no son otros que los libros que amasteis. Todo aprendizaje se basa en la imitación y la repetición. Es decir: la práctica. ¿Cómo demonios no vas a saber qué hay que hacer para escribir un romance si has leído decenas o centenas de historias sobre ello? También valen las series y las películas. Y si no lo has hecho, si pretendes escribir sin tener una gran cantidad de lecturas en la mochila, piérdete de mi vista. No me quiero juntar contigo.
No es otra cosa. Lectura crítica y analítica, también apasionada, de las obras que te gustaron. Imitación de las mismas, que no plagio. Todos han aprendido de la misma forma. Si lees a los autores actuales y luego a los que los precedieron, puedes comprobar cómo han absorbido, o saqueado (esto lo diría Pérez-Reverte) sus conocimientos. Y los que les precedieron saquearon a los que les precedieron. Por ello se le da tanta importancia a los cada vez más extraños pioneros, pues casi todo está inventado. Y valga el casi como chaleco antibalas, por si las moscas, pues me veo tentado de quitarlo. La innovación y la originalidad nacen de una perspectiva ignorante, en la inmensa mayoría de los casos.
Antes os he dicho que podría hablaros de los tipos de narrador, pero claro, ¿cómo no vais a conocerlos? Si quieres una historia en la que la emoción y subjetividad del personaje estén muy presentes, casi seguro que escogerás un narrador en primera persona. Y sabrás cómo manejarlo si has leído El guardián entre el centeno, El nombre del viento o Aprendiz de asesino. Cualquier obra que te haya impactado y haya usado ese narrador, vaya.
Si quieres una obra con multitud de puntos de vista que se entrelazan, hay algo mucho mejor que pagarle a un dudoso consejero para que te diga cómo hacerlo: leer Juego de tronos. Allí está toda la enseñanza posible.
Si quieres un personaje caótico, puedes fijarte en el Joker, Jack Sparrow o Willy Wonka.
Si quieres... Podría poner ejemplos mejores, pero creo que ya se ha entendido. La pulsión de escribir una historia tiene su origen en quedar maravillado por lo que otras te hicieron sentir. Solo queda replicarlo y confiar en estar a la altura de aquellos que nos calentaban el corazón en las noches de invierno.
Luego está el llamado talento. Sí, hay gente que, después de mucho trabajo, llega más lejos que otros. Pasa en deportes y en otras disciplinas. Si bien, en la literatura, o cualquier arte, la subjetividad hace que sea imposible calificar la maestría de alguien. Podemos decir que el objetivo de una obra es causar emociones en los lectores. Una comedia tiene que hacer reír. Una novela de intriga ha de intrigar. Quien consiga hacerlo con más intensidad o a mayor número de personas, será más talentoso. ¿Suena bien? Pues es una gilipollez. El éxito de una obra también viene derivado del marketing, de hacerla conocida. Juan Gómez-Jurado es el autor más vendido en España, o lo ha sido algunos años. ¿Es quien mejor escribe los thrillers? Para algunos sí, para otros no. Recomiendo no perder el tiempo en estas clasificaciones. Y si tenéis que aferraros a algo, hacedlo a vosotros mismos. Si os ha emocionado una escena, mientras la escribís o la releéis, podéis considerarlo suficiente. Es posible que nadie más se emocione con ella, claro. Pero también lo es que te vuelvas loco, la cambies y tampoco lo consigas. Práctica como arma y experiencia como escudo. Lectura como entrenamiento. Esa es la Santísima Trinidad de todo escritor.
La conexión entre un lector o espectador con una obra es inefable. Hay quienes tratan de explicar el éxito de Harry Potter o Brandon Sanderson. A posteriori, claro. Antes de ello, leerían la obra y no sabrían si iba a ser exitosa o por qué. Eso es como si alguien lanza una moneda al aire, sale cara, y yo empiezo a decir los motivos por los que ha salido eso y no cruz. Una estupidez en la que tampoco merece la pena perder el tiempo.
Una obra es valorada siempre desde el criterio subjetivo y humano. Por lo tanto, somos jueces y señores de nuestra propia experiencia, pero no de la del resto de la gente. Si yo voy a ver una película al cine y lloro, me río, doy botes en el asiento, luego rememoro en mi casa los momentos más impactantes, ¿hace falta que venga algún gilipollas, o lo que es peor, unos cuantos en grupo, a decir si la película es mejor o peor? Para mí, es maravillosa. Da igual lo que digan otros. Por eso mismo, tu cultura y vivencias influyen en el gusto. ¿Cómo podemos decir que un criterio es mejor que otros? Podemos decir que una novela fue muy vendida, o muy influyente en el caso de que muchos hayan decidido imitarla, pero ¿mejor o peor?
Hay algunas que no han triunfado en una época determinada y luego se les ha considerado obras maestras. ¿Es que el criterio de los tiempos modernos es más adecuado que el de los antiguos? ¿Crees que sí? ¿Y por qué? ¿Por qué ha de prevalecer tu opinión a la de un ateniense de hace siglos? Si en el futuro, las nuevas generaciones consideran que los libros más aclamados son una basura, ¿tendrán más razón que la nuestra?
La opinión, tanto para bien como para mal, es solo una percepción mutable e influenciable. No te preocupes por ello y sí por los sentimientos que genera la escritura.
Vaya por delante que soy consciente de que hay quienes imparten consejos de forma genuina, desde la experiencia. Sí. A ellos, todo mi respeto, pero no a los piratas. Yo he escrito ocho novelas y varios relatos. Ahora diréis, ¿por qué nos cuentas esto? Pues porque son ocho novelas y varios relatos más de los que han escrito los piratas.
LAS EDITORIALES
Se me escapa una sonrisa al pensar en ellas. No conozco su funcionamiento por dentro, porque no me han querido abrir las puertas hasta la fecha. De ellas os podrán hablar con mucho más rigor otros escritores. Pero sí que me gustaría hacer algunos comentarios desde mi perspectiva.
El parche en el ojo y el garfio en el muñón no son exclusivos de los consejeros, sino que también son frecuentes en este mundo.
Hay que diferenciarlas en varios grupos:
Las que quieren cobrarte por publicar: huid sin mirar atrás. Suelen prometer ciertas cosas que jamás se van a cumplir.
Las que no te cobran de forma directa, pero tienen intención de lucrarse con tus familiares y amigos: se las reconoce por tiradas pequeñas, rechazo por publicar en Amazon (algunas te dicen que es por algún rollo de estar en contra de las grandes plataformas, pero es por vender a través de su web y quedarse mayores ganancias. ¡Son la monda! Hay una que dice que cree en las historias cortas, y por ello solo publica libros en formato muy pequeño. También es por obtener más margen de beneficios). De esta no hace falta que huyáis, pero sí debéis saber cuál va a ser la relación que tendréis con ella. Efímera y fría. Pues el modelo de negocio está en publicar a muchos autores al mes, que les compren sus amigos, familiares y vecinos, darles una palmada en la espalda y hasta luego, Lucas (o como se llame el autor o autora).
Las tradicionales, en el sentido de que tengan la capacidad económica para hacer grandes tiradas y llevar el libro a múltiples sitios: estas son las mejores, pero entrar en ellas siendo desconocido es la mar de complicado. Como toda empresa, buscan beneficios. Apostar por un autor como yo o como tú no es lo más inteligente, aunque suene duro. Por lo que suelen publicar a quienes creen que darán resultado, minimizando el peso en la decisión de la calidad literaria. En fantasía hay pocas de estas, y solo hay que pasarse por la pestaña de autores de su web para comprobar que los tuiteros, youtubers, blogueros o podcasters copan casi todo el elenco. O todo.
Vaya por delante de nuevo que no quiero criticar con dureza a los que forman parte del entramado. Considero que se adaptan a un sistema y maximizan beneficios. Publicar a alguien con 15.000 seguidores en Instagram tiene más posibilidades de generar dinero que publicarme a mí. Lo entiendo. Si mi subsistencia dependiera de este tipo de decisiones, es muy probable que yo hiciera lo mismo.
Si queréis publicar con una editorial del último tipo y sois españoles, hay géneros que aumentan vuestras opciones. Como ya sabéis, solo tenéis que informaros en las estanterías de las librerías, pero os anticipo que os daréis cuenta de que la novela histórica, el thriller, el drama familiar y el romance son los más acogidos entre el público. Incluso hay quienes que tratan de mezclar todo a la vez. Y ganan el Premio Planeta.
En la fantasía está todo muy jodido, escribas lo que escribas. El romance mezclado con fantasía está pegando muy fuerte en estos momentos. Pero es un mercado en el que dominan las traducciones de anglosajones. No parece que salgamos rentables los autores autóctonos, y no entiendo el porqué.
Siempre queda abierta la puerta de autopublicación. El alcance es mínimo (aunque incluso mayor que con las dos primeras opciones editoriales. Allí las tiradas son limitadas, aquí no). El trabajo es mayor y la responsabilidad por tu parte es absoluta. Pero a veces se presenta como la única manera de hacer que tu obra llegue a la gente sin que otros se aprovechen de tu ilusión y esfuerzo. Bien lo sé yo.
Por cierto, a los premios no les hagáis ni puto caso. El Planeta es el más llamativo, porque suele comentarse más debido a su supuesto prestigio, la cantidad monetaria entregada y por las guerras entre grandes grupos (Atresmedia y Prisa). Veréis el denuedo con el que se emplea el crítico de El País para tirar por tierra la novela premiada. Si el certamen fuera financiado por su grupo, ni por asomo diría lo mismo. Es más, le parecería maravillosa. Igual que hay otros que critican solo por filias y fobias políticas, como en el caso más reciente de Juan del Val. Que no me he leído su libro, ni creo que lo haga, no voy a defender su calidad literaria, pero sí atacaré la honestidad de un porcentaje elevado de críticas que recibió.
Los demás premios son casi todos más de lo mismo. Para empezar, es absurdo creer que se leen las cientos o incluso miles de obras que llegan. Sí, alguno dirá que hay muchas que se podrán descartar con un vistazo. Claro, eso provocará errores graves. Pero bueno, que aunque seleccionaran las cincuenta que mejor pinta tienen, tampoco se las van a leer. Ni hay tiempo material. Pero sobre todo lo que no hay es interés. Los premiados suelen ser famosos o, en el caso del Planeta, autores que quieren contratar y pertenecen al otro gran grupo editorial, Penguin Random House. Son movimientos de marketing, no reconocimientos.
LOS DEMONIOS INTERNOS
Desde mi experiencia, diré que lo más costoso es lidiar con la inseguridad en el proceso. Es solitario y largo. Imaginad recorrer cientos de kilómetros al amparo de la soledad. Los pies te duelen y el sol aprieta con fuerza en verano. El viento helado se cuela en tu ropa y muerde tus huesos en invierno. En las noches la lumbre se apaga y tu cuerpo se agita entre escalofríos que tu propio abrazo no puede contener. Empiezas a preguntarte si merece la pena. Si tienes talento. Si vales para esto. Y una voz en tu cabeza tiene muy claro que no. Que todas las respuestas son no. Te engaña, de forma que crees que debes trabajar todavía más para silenciarla. Pero ella no calla. Sino que se alimenta de tus dudas y tu cansancio.
La mejor manera de salir de esto es simple. Te imaginas que esa voz es corpórea. Le pones una mano en el cuello, aprietas hasta que se queda sin oxígeno y sus ojos se abren, suplicantes de que te detengas.
Entonces, solo entonces, le das dos hostias. Es muy sencillo. La gente aprende así muy rápido. De repente, lo imposible se vuelve factible. Esas malas caras se vuelven sonrisas de labios partidos y huecos entre los dientes. La amabilidad inunda su voz y parecen pensar con más delicadeza cada palabra emitida.
Si algún día aparece de nuevo, que vuelva a encontrarse con tus puños. Se repite el proceso las veces que hagan falta. Se le coge hasta el gustillo.
No os preocupéis que por experiencia os digo que a la tercera ocasión ya no suele volver.
FRAN SIMÓN POLO
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